martes 31 marzo, 2026

La plaza que nació del barrio y la comunidad: memoria, un tanque de agua y los picaditos en el potrero sin arcos

la plaza que nació del barrio: memoria, agua y comunidad en santa marta

La Plaza Santa Marta no fue pensada desde un escritorio ni diseñada como parte de un plan urbano tradicional: surgió al ritmo del crecimiento del barrio y de las necesidades de sus vecinos. Ubicada entre las calles Copihue, Voltaire, Tavano (ex Virgilio) y Valparaíso, este espacio verde se consolidó como un punto de encuentro en una zona atravesada históricamente por condiciones geográficas complejas y por la construcción comunitaria.

En los años 70, cuando el barrio todavía tenía pocas viviendas y predominaban los espacios abiertos, se instaló en una de sus esquinas un enorme tanque de agua con el objetivo de abastecer a la población. La obra, impulsada en 1975, nunca pudo cumplir su función debido a la falta de presión en la red. Sin embargo, la estructura permaneció en pie y con el tiempo se convirtió en el gran símbolo de la plaza y en una referencia identitaria para generaciones de vecinos.

Más allá de su configuración física, la plaza adquirió un significado profundo en los momentos más difíciles de la historia reciente. A comienzos de 2002, en plena crisis económica, y nuevamente en 2018, el lugar se transformó en un espacio de subsistencia colectiva. Allí, familias enteras organizaron ferias de trueque improvisadas, extendiendo mantas sobre el suelo para intercambiar ropa y objetos, en una escena que reflejó tanto la precariedad como la solidaridad del barrio.

La historia de la plaza también está atravesada por la geografía del lugar. Santa Marta forma parte de una zona baja del partido de Lomas de Zamora, marcada por antiguos cauces de agua hoy entubados y por su cercanía a los bañados que históricamente condicionaron el desarrollo urbano. Estos factores explican no solo las dificultades iniciales del barrio, sino también la importancia de los espacios públicos como puntos de encuentro en un territorio en permanente transformación.

Así, la Plaza Santa Marta se consolidó como mucho más que un espacio verde: es un símbolo de organización comunitaria, memoria colectiva y arraigo barrial. Un lugar donde la historia no se cuenta solo en obras o trazados, sino en las experiencias compartidas de quienes lo habitan.

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